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Viniviticultura en Chile y el proyecto de Alvaro Espinoza

Continuamos nuestra búsqueda de vinos afines a los naturales por el cono sur americano para completar la trilogía de Argentina y Uruguay con Chile. Pero veamos primero los orígenes de la viniviticultura chilena. 

Como no, las primeras vides llegan con los conquistadores españoles, quienes introdujeron la vid para producir el vino de misa. Pero como en la vecina Argentina es en el siglo XIX cuando se empieza a explotar el viñedo como negocio. Las primeras importaciones de variedades europeas llegaron de la mano del Profesor Claudio Gay, de la Universidad de Chile, en 1830, y posteriormente el aristócrata y empresario Silvestre Ochagavía, en 1854. que introdujeron cabernet sauvignon, sauvignon blanc, semillón, pinot noir y riesling. La adaptación al suelo y al clima chileno fue rápida y se dice que estas son las únicas uvas de esas variedades que existen tal y como eran antes  de la epidemia de filoxera. 

Pero los chilenos no solo importaron las variedades, sino que también contrataron los servicios de viticultores y enólogos franceses para que se encargaran de las viñas y de los procesos de producción. 

En cuanto a las características climáticas, vienen determinadas por la escasa distancia entre el océano pacífico y la cordillera andina, con altitudes superiores a 5.000 metros, dando como resultado que, en los valles donde se practica la viticultura, a medio camino entre la cordillera y la costa, nos encontramos con un clima templado, con un régimen de lluvias muy parecido al mediterráneo. 

En cuanto a las zonas vinícolas, estas se corresponden con los valles que fluyen de la cordillera al océano, dando como resultado cinco grandes regiones vitícolas (Atacama, Coquimbo, Aconcagua, Valle Central y Región Sur) y 15 subregiones, dentro de las cuales encontramos los famosos valle de Casablanca y valle del Maipo. 

Y es en este último donde encontramos una bodega que surgió como una mera afición, para hacer vino para consumo propio y como escuela para sus hijos, un proyecto muy parecido al que yo estoy intentando emprender.  Así nació Antiyal, cuya primera cosecha fueron 3.000 botellas de un vino con un coupage de Carmenere, Cabernet sauvignon y Syrah. Mas tarde lanzarían su vino Kuyen, un coupage de Syrah y Cabernet sauvignon. Hoy la producción asciende a 7.000 botellas de Antiyal y alrededor de 12.000 de Kuyen. 

Y la parte que más nos interesa, toda la producción de la uva se realiza de manera orgánica y siguiendo las prácticas biodinámicas, consiguiendo de esta manera una mayor calidad de la materia prima así como un reflejo en los vinos del terruño y garantizar las propiedades de la tierra para las futuras generaciones.

Se restringe el riego a lo mínimo imprescindible y se reduce la producción de la planta hasta unas 4 toneladas por hectárea, para una perfecta maduración de la uva.

Los abonos se producen a partir de residuos orgánicos procedentes de la misma finca.

El artífice de estos vinos es Alvaro Espinoza y su familia, un ejemplo de agricultura sostenible y un proyecto en el que yo mismo me veo reflejado. Yo, de mayor, quiero ser como Alvaro

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