Un año de blog

Hoy hace un año que publiqué mi primer post en este blog. Ha sido un año muy intenso, sobre todo en lo personal, con momentos dulces, como el nacimiento de mis mellizos en febrero, y momentos amargos, como la reciente muerte de mi madre. Durante este año hemos recorrido medio mundo en busca de vinos naturales, hemos buceado en los orígenes del vino, y hemos asistido a importantes eventos en torno al vino natural, como el Salón de los Vinos Naturales celebrado en marzo en Barcelona, o la cata de octubre en Madrid de los vinos de Samuel Cano. Nos hemos hecho eco de las repercusiones de los vinos naturales en diferentes blogs, y en especial en los foros de discusión, donde los debates siempre se alargan días y días, y como hemos visto recientemente hasta años y años, siendo uno de los temas que mas intervenciones y opiniones aporta. He publicado antiguas visitas a bodegas, ya que mi nueva condición de padre me impide por el momento nuevas visitas,  y diferentes reflexiones en torno al mundo del vino. 

Escribir este blog me ha servido para conocer a mucha gente de todas partes del mundo, que me contactan a través de los comentarios, he seguido en contacto con gente que ya conocía, y he hecho nuevas amistades dentro de este mundillo, que escriben otros blogs o que tienen alguna relación con el vino. También me ha servido para aprender mucho sobre el vino, ya que al redactar mis post (o artículos como yo prefiero llamarlos) me sirve a mi mismo para mi propio aprendizaje, completada por las intervenciones de los comentarios. 

En definitiva, me ha servido para ser un poco más feliz.

¿existe el vino sin sulfitos?

Este título corresponde a un post que abrí en el foro de Verema ¡el 3 de abril de 2006! Lo más curioso del caso es que el post continúa abierto y muy vivo. Esto demuestra el interés que se tiene por este aspecto tan desconocido del vino, aunque a algunos no les guste que se hable de ello.

Por aquel entonces yo aún no conocía los vinos naturales, aunque ya seguía con gran interés las intervenciones de Lorenzo Valenzuela (de la bodega de vinos naturales Barranco Oscuro), que me fue metiendo el gusanillo en el cuerpo. De hecho un mes más tarde estaba visitando su bodega y conociendo de primera mano esos vinos que con tanta pasión defendía, comprobando las bondades de la ausencia de sulfitos. En esa visita me habló de Laureano Serres, otro elaborador de vinos naturales, y de su foro, donde comencé a escribir mis primeras líneas sobre el mundo de la viticultura y el vino. También conocería a Samuel Cano, a quien visité más tarde, y al resto de elaboradores que conocí en los diferentes salones de vinos naturales a los que fui asistiendo. Han pasado 4 años, y aunque la respuesta ya la tenía casi desde el primer momento, ahora he aprendido tanto de estos vinos y de la gente que los elabora que yo mismo he vuelto a intervenir en el foro para decir sin ninguna duda que el vino sin sulfitos existe, y que además merece la pena conocer el producto y a quienes con tanta pasión y valentía los elaboran.

Viniviticultura durante el Imperio Romano

Si bién dedicaré a la viniviticultura actual en Italia varios capítulos, quiero dedicar al Imperio Romano un capítulo aparte por la importancia e influencia que tuvo en el resto de Europa y paises del norte de Africa

El vino entró en Roma por el sur de Italia en el 200 a. C. procedente de Grecia, conociéndose esta zona como “Oenotria” que significa “tierra de uva”. El vino, junto con el aceite de oliva y el trigo, es la base de la alimentación de los pueblos mediterráneos, y sirvió para diferenciarlos de los pueblos bárbaros, que se caracterizaron por beber cerveza y utilizar manteca de cerdo. Durante el Imperio Romano el cultivo de la uva y la elaboración del vino se extendió por todos los territorios conquistados, llegando a tener viñedos incluso por encima de los 55º de latitud, en los países bálticos, Normandía, Flandes y norte de Alemania.

Los autores clásicos como Séneca en sus Epístolas, Juvenal en las Sátiras, Marcial en los Epigramas, Horacio o Petrónio, nos describen el uso del vino. Plinio el Viejo dedica uno de sus libros de Naturalis Historiae al mundo del vino empezando a describir una gran cantidad de variedades. También Apicio nos habla de su uso en la cocina, y Cicerón o Virgilio nos informan sobre su cultivo y elaboración. En la vendimia participaban los esclavos que se dedicaban a pisar la uva no pudiendo en ese momento comer ni beber. El mosto se fermentaba en grandes tinajas de barro que denominaban dolia. El dolium era una gran tinaja enterrada en el suelo hasta el cuello, lo que facilitaba el control de la temperatura. Las ánforas se dejaban envejecer en habitaciones en la parte alta de la casa denominadas apoteca, generalmente cerca de las salidas de la chimenea, lo que daba al vino un aroma a ahumado.

El vino, en todas sus variedades, además de ser la bebida por excelencia para acompañar la comida, sirvió para aderezar y guisar alimentos, ligar salsas, dar color, endulzar y conservar alimentos, y hasta para preparar remedios medicinales.

Tipos de vinos:

–      Vina Mera: son los vinos puros, lo que nosotros llamamos vinos naturales, simplemente mosto fermentado sin adición de agua ni edulcorante o condimento alguno. los más afamados fueron el falerno, el másico, el albano, el cécubo o el setino. Todos estos vinos se conocían por su lugar de origen, en lo que podríamos definir como el precedente a las denominaciones de origen actuales.

–      El mulsum es el vino endulzado con miel, que se elaboraba mezclando miel de primera calidad, con un vino de buena calidad como el falerno o el másico, siendo una bebida apreciadísima por los romanos.

–      El vina dulcia: Aquí se distingue entre el passum, obtenido a partir de las uvas secadas al sol (como los Pedro Ximenez) y los vina cocta, dulces y espesos debido a la cocción a que eran sometidos, que reducía el nivel de líquido, concentrando los niveles de azúcar.

–      El vina condita, también llamado vino artificiale o vina ficticia, son vinos condimentados con especias y hierbas aromáticas. Se obtenían mediante la maceración de las hierbas, y posteriormente se aderezaban con pimienta, y otras especias como el azafrán, y con resinas, como la almáciga (resina extraída de la corteza del alfóncigo). Se usaban como digestivos o tónicos reconstituyentes. 

No podemos hablar del vino en la Antigua Roma sin mencionar las bacanales. Estas fueron introducidas en Roma en el año 200 A.C. desde la cultura griega. Eran fiestas en honor al dios Baco (dios  romano del vino), en las cuales se bebía sin medida. Las sacerdotisas organizadoras de la ceremonia se llamaban bacantes y el nombre ha quedado asociado a las orgías romanas, pero en su origen eran celebraciones de tipo religioso y sagrado sin los excesos de las fiestas romanas. El culto originario era exclusivamente de mujeres y procedía del culto al dios Pan y a la diosa de la fecundidad Venus. La notoriedad de estas fiestas, donde se suponía que se planeaban muchas clases de crímenes y conspiraciones políticas, provocó en 186 a. C. un decreto del Senado, el llamado Senatus consultum de Bacchanalibus, inscrito en una tablilla de bronce descubierta en Calabria (1640) y actualmente en Viena, por el que las bacanales fueron prohibidas en toda Italia, excepto en ciertas ocasiones especiales que debían ser aprobadas específicamente por el Senado. Pese al severo castigo infligido a quienes se sorprendía violando este decreto, las bacanales continuaron, especialmente en el sur de Italia.

Para terminar, decir que en recientes estudios se piensa que el consumo de vino y otros alimentos en recipientes de plomo por parte de los senadores romanos puede estar detrás de la caída del imperio romano, ya que las dosis que de este metal entraban en el organismo eran tan elevadas que producían una intoxicación por plomo denominada “saturnismo” o “plumbosis”. El nombre que recibe esta enfermedad viene del dios romano Saturno y es llamada así porque a este dios se le representa como un demente. Esta enfermedad produce demencia y alucinaciones y hace que el enfermo se vuelva muy agresivo, lo que llevó al caos del Senado romano. Se piensa que Nerón o Calígula la padecían