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La Garnacha de Cebreros

Le he estado dando vueltas a como debía titular esta entrada, pero he llegado a la conclusión de que ella era la protagonista y era la que tenía que destacar: La Garnacha de Cebreros. Uno no se da cuenta de la magnitud de ciertas cosas hasta que no las vive en persona. Había visto fotos, reportajes, había escuchado hablar de estas tierras. Pero hasta que no he estado allí, pateando las viñas (casi escalando en algún caso), catando los vinos, y charlando con sus gentes, no me he hecho una idea de la grandeza de esta uva y de la pasión que genera.

Cebreros está situado en la falda sur-este de Gredos, en la provincia de Ávila, pero muy cerca de la provincia de Madrid. Al sur discurre el rio Alberche, a unos 650 m sobre el nivel del mar  y al norte se elevan una sucesión de cerros cuyas cumbres superan los 1.300 m de altitud, lo que da una idea del desnivel existente. El pueblo queda entre uno y otro, y a ambos lados se suceden las viñas, en zonas más llanas al sur, y en escarpadas laderas al norte, pero todas ellas con gran personalidad.

El motivo de mi visita fue una invitación por parte de Guillermo y Carlos, de la bodega Maldivinas, elaboradores delos vinos La Movida, y de Rubén Díaz, viticultor y elaborador oriundo de Cebreros.  La visita tenía una doble vertiente, por un lado conocer el viñedo y los vinos, y por otro aportar el punto de vista de gente relacionada con el mundo del vino acerca del proyecto de creación de una D.O. Cebreros, para lo que se había convocado para la tarde una mesa redonda en el bonito hotel El Rondón. A la cita también acudieron Alfredo Maestro, de bodegas Maestro Tejero, y  Xavier Saludes, Sumiller, restaurador y gerente de la Vinoteca Tierra, que distribuye vinos tanto españoles como franceses e italianos, donde el concepto de terruño es el protagonista.  Pero vayamos por partes.

El viñedo y sus vinos

En Cebreros el concepto de terruño se lleva a su máxima expresión, y ya no solo se distingue por parcela, sino que dentro de una misma parcela se distingue incluso por orientación de la misma, vegetación circundante o tipo de suelo. La zona más al sur, la mas próxima al rio, es una zona granítica, mientras que las laderas del norte son pizarrosas, cruzadas por una veta de cuarcita. Comenzamos la visita por un viñedo de más de 80 años reconvertido en espaldera. La viña estaba ubicada en la zona sur del pueblo, la más llana. Este viñedo está gestionado por una familia de viticultores de la zona que lo trabajan con gran maestría, y el fruto es vinificado por Guillermo y Carlos de Maldivinas. Está dividido en dos parcelas y aunque en un futuro es posible que se vinifiquen por separado, para la cosecha 2011 se trabajará de forma conjunta.

La diferenciación de terruños llega incluso a subdividir las parcelas, como pudimos ver en La Movida, de donde surgen los vinos del mismo nombre, y es que la regla general es que cada vino lleve el nombre de la parcela de donde procede. Aquí se distingue entre la parte mas escarpada, a la que se denomina La Movida Laderas, de la parte mas baja que se denomina La Movida a secas. Incluso dentro de cada una de estas parcelas aún se puede diferenciar más. En la parte del Laderas se podía diferenciar entre la parte mas alta y la mas baja, predominando las notas de hierbas aromáticas en una, ya que conviven con la viña, y las notas minerales en otra, al tener importantes vetas de pizarra por donde se introducen las raíces. En esta ocasión ambas subparcelas pasarán a formar parte del mismo vino final, complementándose ambas con su respectivo aporte y dando como resultado una visión global de esta parcela. También la parte baja, la de La Movida a secas, se diferencia entre ladera este, ladera oeste y zona central, e incluso puede que se elabore por separado una pequeña zona arcillosa dentro de esta parcela

En cuanto a la viticultura, Maldivinas busca y esto es una circunstancia común en todas las parcelas, una buena cobertura vegetal del racimo, para que cuando lleguen los rigores del verano, el racimo esté a salvo. Para ello simplemente se despunta, consiguiendo que la fuerza de la planta se derive al desarrollo en la masa foliar.

Tras la visita a los viñedos nos dirigimos a El Barraco, a unos km en dirección Ávila, donde Maldivinas elabora sus vinos. La fermentación se realiza en depósitos de hormigón, y la crianza en barricas con más de uno o dos usos, mayoritariamente de 500 litros, y donde predomina la madera francesa. El hecho de que las barricas sean de mayor tamaño y la madera tenga ya algún uso, hace que la aportación de la madera sirva mas para redondear las asperezas del vino que para un aporte aromático, que desvirtuaría el trabajo en la viña y las características del terruño. El resultado final es increíble, vinos de una misma variedad, cuyas viñas se encuentran separadas por apenas unos metros, dan como resultado unos vinos completamente diferentes tanto en nariz como en boca, con una personalidad arrolladora cada uno de ellos. La Garnacha elevada a la enésima potencia.

Para Ruben Diaz, viticultor y elaborador de Cebreros, la filosofía de terruño es la misma, y cada uno de sus vinos se corresponde con la parcela de la que procede: Cerro de la Estrella, Cuesta del Tejar, Alto Valverde, El Arenero, son algunas de las parcelas que visitamos, muchas de ellas vecinas a las de Maldivinas. Para catar sus vinos esperamos a la comida en el Restaurante del Hotel El Rondón, donde catamos muestras de barrica previamente embotelladas por Rubén. El resultado, como era de esperar, unos vinos llenos de expresividad y personalidad, una vuelta de tuerca mas a la Garnacha cebrereña.

Destacar la comida en el Hotel El Rondón, un gran proyecto de gente de la zona que ha dotado a Cebreros de un establecimiento de primera categoría, muy importante a la hora de promocionar Cebreros y sus vinos. La carta apuesta por los productos de la tierra, y aparte de una exquisita carne pudimos degustar varios quesos de la zona.

 

La D.O. Cebreros

Este era uno de los motivos por los que acudimos a Cebreros. Se está tratando de dar impulso a la creación de una Denominación de Origen, para lo cual nos reunimos por la tarde en el hotel en torno a una mesa redonda para que los invitados  aportáramos nuestras ideas. Al evento acudieron además viticultores y productores de la zona, representantes de la cooperativa, el alcalde de cebreros y hasta algún periodista. Por parte de los invitados, es decir, de mi mismo como consumidor, de Xavier como comercializador y restaurador, y de Alfredo como productor, las ideas estaban bastante claras. Cebreros tiene un tesoro que justifica de sobra una D.O., sus garnachas y sus suelos,junto con la blanca Albillo, de la que desgraciadamente apenas quedan unas pocas parcelas, combinado con productores inquietos que las saben vinificar, por lo que se debe apostar por este valor para diferenciarse de decenas de  D.O. donde todo tiene cabida. Cebreros tiene una tipicidad propia que debe saber explotar, y si así se hace le auguro un gran futuro como D.O. de calidad

Galería fotográfica:

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Con Mar Galván en Vinos Ambiz

El pasado domingo 3 de junio tuve la suerte de compartir visita a la bodega y viñedos de Vinos Ambiz con Mar Galván. Conocí a Mar en la presentación de la nueva bodega de Alfredo Maestro en Navalcarnero, donde compartimos mesa con Fabio Bartolomei, y ya allí quedamos en que haríamos una visita a Vinos Ambiz cuando viniera a Madrid. Mar es enóloga, escritora y sobre todo poeta, y una apasionada de los vinos naturales. Esta doble faceta de enóloga y escritora hace que sus artículos relacionados con el vino y sus notas de cata cobren un carácter especial y vayan mas allá de una fría descripción, resultando amenos y descriptivos, rozando la poesía.

Fabio en el viñedo de Carabaña

Empezamos la vista por el viñedo de Carabaña. En una zona de monte bajo, con ligera inclinación, orientado al norte, lo que le hace aprovecharse de los rocíos mañaneros y dividido en tres parcelas, una de mayor tamaño y otras dos pequeñas parcelas, una separada por la carretera y la segunda en la parte mas alta separada por un camino. En total casi una hectárea de Airén y Tempranillo mezclados al azar, tal y como era costumbre hace muchos años cuando se mezclaban las variedades en una misma parcela. Las cepas tienen unos 40 años de edad, y cuentan con cubierta vegetal, lo que permite que la biodiversidad existente en la zona evite la existencias de plagas, eliminando el “bicho bueno” al “bicho malo” por decirlo de una forma sencilla. Con esto se consigue eliminar el uso de química doblemente. No se usan herbicidas, y no se usan plaguicidas. Lo único malo de estar en zona de monte es la existencia de una importante población de conejos, cuyas madrigueras pudimos ver, y que en determinadas ocasiones han mermado la producción de uva.

Madrigueras de los conejos

A continuación, nos desplazamos a unos 10 km, al viñedo de Villarejo. A diferencia del de Carabaña este Se encuentra en una zona mas llana, pero también con ligera inclinación y esta vez orientado al Este, lo que le permite mayores horas de insolación. Este es un viñedo de casi una hectárea de la variedad Malvar, propia de la zona, y que por el grosor y lo retorcido de las cepas muy bien podrían ser centenarias. También cuentan con cubierta vegetal y su cultivo es 100 % libre de química

Cepa vieja de Malvar

Tras los viñedos nos acercamos a la bodega de Morata, donde Fabio ya había puesto a refrescar sus vinos blancos. Comenzamos la cata por el Airén de Carabaña de 2011, un vino limpio, fresco, de trago fácil, el vino mas ortodoxo de la bodega, con una elaboración tradicional, pero con una peculiaridad, y es que durante su reposo en el depósito le salió un velo parecido al de los vinos de Jerez, dándole una personalidad especial. Después catamos los vinos estrellas de la bodega, cada uno con un proceso de elaboración que los hace únicos, vinos marcados por un carácter apabullante. Un Airén de Carabaña de Maceración Carbónica, un Malvar de Villarejo elaborado al modo de los tintos, es decir, en contacto con los hollejos, técnica de antigua tradición en la zona y ya casi en desuso, conocida como vino de “sobremadre”, y mas conocida a nivel internacional como “orange wine” o “vino naranja”, por el color que adquiere el vino. Y por último un Malvar fermentado y criado durante seis meses en tinaja de barro, vino experimental este año, pero que dado los buenos resultados obtenidos tendrá su continuidad en próximos años. El problema es que la tinaja es pequeña y la cantidad muy limitada, pero Fabio anda en busca y captura de una tinaja de mayores dimensiones, así que si conocéis de alguien que se la pueda ceder, no dudéis en decirlo.

Mar y Fabio en el viñedo de Villarejo

A continuación pasamos a los tintos, lamentablemente en el 2011 la cosecha fue minima (por culpa de los conejos), pero afortunadamente todavía le quedan vinos del 2010. Primero catamos el vino elaborado  en colaboración conmigo, Las 5 en Punto, con 80 % de Tempranillo de Carabaña, y después otras cuatro variedades al 5 %, Garnacha, Syrah, Petit Verdot y Airén, siendo las tres tintas compradas a agricultores de confianza que cultivan en ecológico, y el Airén también de Carabaña. El vino estuvo después 5 meses en una barrica nueva de roble americano, y en la actualidad lleva unos 8 meses de crianza en botella. Si bien al principio, nada mas sacar el vino de la barrica, pensamos que predominaba la madera, tras la crianza en botella se ha redondeado y afinado, y se ha convertido en un vino agradable y fácil de beber, y las notas mas maderizadas han dejado paso a la fruta. Este vino no va a tener continuidad con la cosecha de 2011, que como dijimos fue escasa, pero si trataremos de hacerlo con la cosecha del 2012

Los cuatro blancos catados

El segundo tinto que probamos fue un coupage de Tempranillo, Syrah y Petit Verdot, pero esta vez con crianza de mas de 12 meses en barrica usada francesa, también con uva del 2010, y que aún no está embotellado, un vino que aún aguanta algo mas de crianza y del que a buen seguro reservaré algunas botellas para mi bodega particular.

Tras la cata, una agradable comida en la terraza del restaurante La Tinaja de Morata, maridada con los vinos que llevó Fabio de la bodega

GALERIA DE FOTOS:

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