Fenavin, en una sola calle

Pabellón Noé, Calle 5. No necesité mas, o casi, ya que hice una pequeña escapada al pabellón vecino donde Fabio me presentó a Mónica de Pago casa del Blanco que mas abajo detallaré. Y no es que no me hubiera gustado visitar mas stands, pero es que aquí donde encontré todo lo que necesitaba de Fenavin en estos momentos. Amistad, buenas vibraciones, pasión y buen vino. Por supuesto que si hubiera ido algún día mas habría visitado a otras bodegas conocidas, o habría intentado descubrir nuevos vinos, sobre todo teniendo en cuenta que en la galería del vino tienes los vinos mas representativos de todas las bodegas sin necesidad de recorrer cada stand. Pero en un solo día por delante preferí dejar los experimentos para otro momento e ir a lo seguro. Además, no se puede decir que no descubriera nuevas cosas como ahora veréis:

Mi primer objetivo estaba justo en la mitad de la calle 5, donde se habían instalado el grupo de Vinos Naturales bajo el nombre de Caballo de Troya. Allí, junto a los ya clásicos para mi Vinos Ambiz, Barranco Oscuro, Marenas, Cauzón, Esencia Rural o Vinos Patio, descubrí nuevos integrantes de este grupo, y por supuesto me centré mas en ellos para descubrir sus vinos.

De los Arribes del Duero, en Zamora, llegó Charlotte Allen, también conocida por Carlota, con su vino Pirita, elaborado con variedades autóctonas de la zona como Juan Garcia, Rufete y Bruñal. Esta chica, llegada de Inglaterra, ha apostado por la tradición y ha conseguido *un producto fiel a su terruño, de gran expresión mineral. Un buen ejemplo de recuperación de antiguos viñedos.

Mas al norte, de Cangas del Narcea, llegó Nicolas Marcos, de Dominio del Urogallo, un hombre que dejó su bodega en Toro paro huir a Asturias en busca de viñas antiguas que recuperar, en busca de mas autenticidad, un nexo en común con la mayoría de los elaboradores agrupados en este proyecto de Caballo de Troya. Variedades como la Albarín blanca y tinta, la Verdejo Tinta, que reconozco que yo desconocía, o la Carrasquín, todo un descubrimiento para mi, y vinos como el Pésico, un vino anclado a su tierra, con toda la expresividad mineral que le dan los suelos de Pizarra, Antracita y Cuarzo.

De Valencia llegaba Rafa Lopez, con sus vinos 6º Elemento, donde la Bobal alcanza grandes cotas de expresividad. Rafa también viene de una reconversión en la manera de trabajar. Decidió apostar por la tradición, por como se habían hecho las cosas durante generaciones, descubriendo que aunque signifique mas trabajo también significa mas calidad y mejor expresión en la botella de lo que ofrece la tierra y el fruto. Como el dice, nuestros padres y nuestros abuelos no tenían una demostración científica, pero sabían que haciendo las cosas de una determinada manera funcionaban, y esa es la manera como a el le gusta trabajar.

También con Bobal trabaja Miguel J. Marquez su vino Miquelius 2005, un viejo conocido de hace años pero con el que no había vuelto a coincidir. Me encantó este vino, un tinto con algo de azúcar residual a partir de bobal sobremadurada, que me recordó a algún Fondillon de Alicante

El resto de integrantes de este stand ya eran por mi conocidos, por lo que me dediqué mas a charlar con ellos que a catar, aunque siempre tengo mis favoritos dentro de cada bodega, por lo que no dejé pasar la ocasión de catar esos vinos

Un poco mas adelante de la Calle 5 estaba un pabellón de la provincia de Avila, donde compartían espacio la bodega Maldivinas con sus Movida, y alguna otra novedad, y Daniel Ramos, de Zerveros Finca, un nuevo descubrimiento para mi. Comencé catando los vinos de Maldivinas. los Movida ya los había catado ya en primicia en mi visita del año pasado a su bodega y viñedos, sigo enamorado del laderas, con esa mineralidad salvaje, dada por unas viñas cuyas raíces taladran la roca, y la clara influencia del monte bajo, tomillos, romeros e hinojos que crecen libremente junto a las viñas, y una novedad, el Doble Punta, del que había visto el viñedo en mi visita pero aún no había catado. Un vino excepcional, en la línea de los Movida, pero con un carácter completamente diferente, con una personalidad muy marcada por el terreno, rico en cuarcitas de doble punta, de ahí su nombre. Por supuesto siempre estamos hablando de cepas viejas de Garnacha recuperadas

Después me acerqué a su vecino, de stand, y de bodega, ya que elaboran en el mismo espacio, al menos de momento. Daniel Ramos, de Zerveros Finca, otro artista de las Garnachas viejas de Gredos, y que como en Maldivinas elabora sus vinos diferenciando cada parcela y cada tipo de suelo. De hecho, llevó a Fenavin dos pequeños areneros con una representación del suelo de dos de sus parcelas, una de arena y otra de pizarra. Probé todos sus vinos, todos los tintos de Garnacha de distintas parcelas y suelos, y los blancos de la rara Albillo y de Sauvignon Blanc, y quedé enganchado a estos vinos. Ahora toca visitar a Daniel in situ, conocer esas parcelas y el trabajo que lleva a cabo.

Nuevamente recorrí esta milagrosa calle 5 del pabellón Noé, ahora en sentido inverso, y tras pasar nuevamente junto al Caballo de Troya, mi amiga Mar Galván me llevó a conocer a Jesús Hermida, alma del excelente trabajo que se lleva a cabo con la Verdejo en Finca Caraballas, uno de los mejores Verdejos de Rueda que yo haya probado, una bodega joven, no muy grande, y que trabaja en ecológico, toda una declaración de intenciones

Y como decía al principio, la única excepción a mi visita a esta calle de Fenavín fue la visita de la mano de Fabio al stand del Pago Casa del Blanco, y debo decir que quedé gratamente sorprendido, ya que sus vinos se alejan bastante del standard comercial. Probé los cuatro tinos de su gama Quixote, destacando el elaborado con Malbec y Cabernet Franc, una apuesta de su enólogo Antonio Merino con el que tuve ocasión de hablar. Se trata de un vino de fuerte personalidad y que desde luego rompe con la estandarización de sabores que vivimos en el mundo del vino.

Y con esto pongo fin a este extenso relato, pero que apenas obedece a unas escasas 6 horas de visita a la feria

Galería fotográfica:

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La respuesta de Nicolas Joly

El pasado mes de junio, desde el blog Laquimeradelvino se proponía un reto. Entrevistar a tres productores biodinamicos, Nicolas JOLY, Ales KRISTANČIČ y Eben SADIE. Y las preguntas las seleccionarían entre las enviadas por los lectores del blog. El premio serían tres botellas de vino, una de cada productor. en concreto:

1 BOTELLA DE CLOS DE LA COULÉE DE SERRANT 2008
+
1 BOTELLA DE MOVIA VELIKO BELO 2006
+
1 BOTELLA DE PALLADIUS 2009

Pues bien, ante tal reto y no menos importante premio, decidí participar enviando mi pregunta ¿cual sería esta? Si, lo habeis adivinado, la utilización del sulfuroso. Y la pregunta fué seleccionada. La primera entrevista, la de Nicolas Joly, está ya publicada. Podeis verla entera en este enlace, pero reproduzco aquí mi pregunta con su respuesta. Mas adelante publicaré la respuesta a esta misma pregunta de los otros dos productores… y os diré que tal están sus vinos

Cuál es su postura acerca de la adición de sulfuroso en la elaboración del vino? ¿Podríais explicar cuál es el motivo del uso extendido del sulfuroso en la elaboración de vino y, en caso de que no lo uséis, cómo lo sustituís? – Nacho Bueno
“Para mí, este es un asunto que…como se dice habitualmente, es el árbol que no nos permite ver el bosque. Quiero decir que si un vino siempre lo enviamos lejos, tenemos 4 posibilidades de ayudar a que el viaje no le afecte mucho: Una filtración muy ligera (1/3 de micrón), sorbato de potasio, ácido ascórbico o sulfuro.
Yo prefiero sulfuro.
A menudo cuando en la etiqueta de un vino se dice ‘sin sulfuro’ se refiere a que está ligeramente filtrado, lo cual encuentro peligroso porque dicha filtración se lleva una parte sustancial del vino.
Una vez probé con esa ligera filtración y el resultado fue horroroso.
Para mí el sulfuro no es un enemigo, pues la naturaleza produce sulfuro por todas partes: en los volcanes, en la mostaza, en los rábanos…
Hay una familia importante de plantas (las crucíferas) que producen sulfuro.
Demasiado sulfuro se peligroso, como demasiado oxígeno es peligroso, pero este no es un argumento para prohibir el oxígeno en el aire. El sulfuro natural es mejor.
Hay algún sulfuro en el vino proveniente de las lías, así que aunque es posible hacer vino sin sulfuro, si éste debe ser enviado encuentro realmente arriesgado eliminar el sulfuro del todo.
Me entristece mucho ver que a veces, algunos elaboradores de vino orgánico han tenido problemas con su vino bien por el envío bien por el almacenamiento, todo por evitar unos pocos gramos de sulfuro. La clave no está en el sulfuro sino en lo que haces en tu tierra. A menudo la discusión sobre el sulfuro hace que no se hable de las terribles prácticas agrícolas que se practican por todo el mundo.”

 

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