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Cebreros 2.0: Visita a Rubén Diaz

????????????????????Vuelvo a Cebreros, es mi segunda visita, pero si algo tengo claro es que no va a ser la última. El año pasado por estas fechas tuve la ocasión de conocer estas tierras y sus vinos, de la mano de Guillermo y Juan Carlos de Maldivinas, y de Rubén Díaz, viniviticultor de la zona. Sin embargo nos centramos mas en las parcelas y los vinos de Maldivinas, por lo que le debía una visita a Rubén para conocerle mejor a el, sus viñas y sus vinos.

Rubén es oriundo de Cebreros, en su familia siempre hubo viñas y vivieron de ello, como casi todo el mundo en Cebreros hace dos generaciones. Sin embargo su padre ya empezó a apartarse de este mundo, montando otro negocio, y para Rubén ya era mas un recuerdo de familia que otra cosa. Afortunadamente conservaron parte de los viñedos familiares, pequeñas parcelas distribuidas por aquí y por allá, y un día visitándolas con su padre le empezó a entrar el gusanillo de la viticultura, y de hacer su propio vino. Para ello, recurrió a la experiencia familiar y a la viticultura tradicional y empezó a recuperar estas parcelas, dándoles un tratamiento ecológico, y en algunos casos cerca de la biodinámica. Por supuesto las variedades son las autóctonas de la zona, la Garnacha en tinta y la Albillo Real en blanca, muchas de ellas recuperadas del olvido

En esta ocasión nos centramos en visitar las parcelas de Albillo, ya que el año pasado ya estuvimos viendo las de Garnacha. Para llegar a la primera parcela, y tras recorrer un camino de tierra, tuvimos que hacer andando un pequeño trecho para llegar a ella, ya que estaba en una empinada ladera tras un pequeño bosquecillo. Una ladera de orientación norte de suelo arenoso. Por supuesto, la única forma de trabajar estas viñas es a mano, con la azada, o bien arando con mulas. Esta parcela fue recuperada tras un pequeño incendio en la zona. Se pensaba que habían muerto, pero resurgieron de sus cenizas, y es que el fuego no pudo con estas viñas cuasi centenarias dado su vigorosidad.

Cepa de Albillo en la ladera tras el bosquecillo

Cepa de Albillo en la ladera tras el bosquecillo

Rubén me contó que la Albillo es de maduración muy temprana, y que el solía hacer la vendimia a finales de Julio. Como antiguamente en Cebreros se vivía de la venta de la uva, esto permitía a las familias poner uva en los mercados antes que otros, lo que les reportaba un beneficio económico antes de agosto o septiembre, fechas en las que maduraban otras variedades.

Posteriormente visitamos otra parcela, también cara norte, y como no en otra empinada ladera, y aquí ya se podían distinguir los futuros racimos brotar.

Futuros racimos

Futuros racimos

A continuación regresamos a pueblo, donde visitamos los dos espacios en los que Rubén vinifica. Uno es en una antigua bodega en una de las casas del pueblo, dando a la plaza. La bodega cuenta con tinajas de barro, encastradas en el suelo, y que todavía se usan para hacer el vino. Aquí catamos tres albillos, uno fermentado en depósito de acero inoxidable, otro fermentado en Barrica, ambos con un carácter aroma, color y sabor bien diferenciados aún tratándose de la misma variedad, en cualquier caso dos vinazos que ponen en valor esta variedad, tan escasa y deseada en Cebreros.

El tercero es un vino tradicional de la zona, el cual siempre tiene una base o “madre” antigua y se va rellenando poco a poco, al estilo de los vinos de Jerez. Rubén me contaba que era tradición que ante un evento importante en la familia, como una boda, el nacimiento de un hijo, etc, se llenaba una barrica. Ese vino se iba consumiendo, pero al año siguiente, cuando aún había vino del año anterior en su interior, se rellenaba con vino nuevo, y así sucesivamente todos los años. El resultado es un vino oxidativo, de elevado grado alcohólico, y que con el tiempo se va oscureciendo paulatinamente. Un vino sin duda muy interesante, por su resultado y por ser un pedazo de historia. La barrica del que me dio a probar tenía una “madre” que creo recordar era del 2004, y era un vino de un color ya bastante oscuro, color caoba, y un sabor untuoso, muy parecido al de algunos vinos de Jerez. Otra curiosidad de esta bodega es la antigua prensa eléctrica aún en funcionamiento, de la que podéis ver una foto a continuación.

Prensa Electrica

Prensa Electrica

Catando Albillo

Catando Albillo

?????????????????????????????????Tras la foto con el embudo en la cabeza, tradición entre los visitantes de Rubén, fuimos al otro espacio donde elabora, en los bajos de un edificio también en el centro del pueblo, que el llama su “trastero”, por lo que bromeó diciendo que en vez de vinos de garaje el elabora vinos de trastero. Aquí catamos sus “Garnachas”, cada parcela elaborada y criada por separado, en barricas usadas de roble francés de 250 y 500 litros. A la hora de elaborar el vino, Rubén tiene una filosofía propia, que suele pasar por añadir el 100 % de raspón, y luego va jugando con la extracción según la parcela y el año, dando mayor o menor extracción según va considerando. por supuesto todo se hace con levaduras propias, y sin ninguna química, solo añadiendo un poco de sulfuroso a la hora del embotellado, y si sabe que el vino va a ser para consumo reciente, ni siquiera eso. Los vinos que catamos estaban aún muy crudos, recién embarricados prácticamente, pero ya se dejaba notar el potencial en todos ellos, y sobre todo se dejaba ver su personalidad totalmente distinta en función de la parcela, vinos que destacarán, con el sello inconfundible de su autor.

Rubén en su "trastero"

Rubén en su “trastero”

Para terminar la jornada acudimos a comer al hotel Rural “El Rondón”. Joaquín, el director del establecimiento, se unió a la mesa, y disfrutamos de un exquisito menú del día, de una agradable conversación, y todo regado por uno de los vinos de Rubén, el “Cerro de la Estrella” 2010.

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He de volver pronto a Cebreros, ya que quiero conocer otros artistas del vino de la zona como Daniel Ramos, de Zerberos Finca, y además Fabó Bartolomei de Vinos Ambiz tendrá pronto bodega en la zona, así que creo que voy a continuar enganchado a esta zona para siempre.

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Fenavin, en una sola calle

Pabellón Noé, Calle 5. No necesité mas, o casi, ya que hice una pequeña escapada al pabellón vecino donde Fabio me presentó a Mónica de Pago casa del Blanco que mas abajo detallaré. Y no es que no me hubiera gustado visitar mas stands, pero es que aquí donde encontré todo lo que necesitaba de Fenavin en estos momentos. Amistad, buenas vibraciones, pasión y buen vino. Por supuesto que si hubiera ido algún día mas habría visitado a otras bodegas conocidas, o habría intentado descubrir nuevos vinos, sobre todo teniendo en cuenta que en la galería del vino tienes los vinos mas representativos de todas las bodegas sin necesidad de recorrer cada stand. Pero en un solo día por delante preferí dejar los experimentos para otro momento e ir a lo seguro. Además, no se puede decir que no descubriera nuevas cosas como ahora veréis:

Mi primer objetivo estaba justo en la mitad de la calle 5, donde se habían instalado el grupo de Vinos Naturales bajo el nombre de Caballo de Troya. Allí, junto a los ya clásicos para mi Vinos Ambiz, Barranco Oscuro, Marenas, Cauzón, Esencia Rural o Vinos Patio, descubrí nuevos integrantes de este grupo, y por supuesto me centré mas en ellos para descubrir sus vinos.

De los Arribes del Duero, en Zamora, llegó Charlotte Allen, también conocida por Carlota, con su vino Pirita, elaborado con variedades autóctonas de la zona como Juan Garcia, Rufete y Bruñal. Esta chica, llegada de Inglaterra, ha apostado por la tradición y ha conseguido *un producto fiel a su terruño, de gran expresión mineral. Un buen ejemplo de recuperación de antiguos viñedos.

Mas al norte, de Cangas del Narcea, llegó Nicolas Marcos, de Dominio del Urogallo, un hombre que dejó su bodega en Toro paro huir a Asturias en busca de viñas antiguas que recuperar, en busca de mas autenticidad, un nexo en común con la mayoría de los elaboradores agrupados en este proyecto de Caballo de Troya. Variedades como la Albarín blanca y tinta, la Verdejo Tinta, que reconozco que yo desconocía, o la Carrasquín, todo un descubrimiento para mi, y vinos como el Pésico, un vino anclado a su tierra, con toda la expresividad mineral que le dan los suelos de Pizarra, Antracita y Cuarzo.

De Valencia llegaba Rafa Lopez, con sus vinos 6º Elemento, donde la Bobal alcanza grandes cotas de expresividad. Rafa también viene de una reconversión en la manera de trabajar. Decidió apostar por la tradición, por como se habían hecho las cosas durante generaciones, descubriendo que aunque signifique mas trabajo también significa mas calidad y mejor expresión en la botella de lo que ofrece la tierra y el fruto. Como el dice, nuestros padres y nuestros abuelos no tenían una demostración científica, pero sabían que haciendo las cosas de una determinada manera funcionaban, y esa es la manera como a el le gusta trabajar.

También con Bobal trabaja Miguel J. Marquez su vino Miquelius 2005, un viejo conocido de hace años pero con el que no había vuelto a coincidir. Me encantó este vino, un tinto con algo de azúcar residual a partir de bobal sobremadurada, que me recordó a algún Fondillon de Alicante

El resto de integrantes de este stand ya eran por mi conocidos, por lo que me dediqué mas a charlar con ellos que a catar, aunque siempre tengo mis favoritos dentro de cada bodega, por lo que no dejé pasar la ocasión de catar esos vinos

Un poco mas adelante de la Calle 5 estaba un pabellón de la provincia de Avila, donde compartían espacio la bodega Maldivinas con sus Movida, y alguna otra novedad, y Daniel Ramos, de Zerveros Finca, un nuevo descubrimiento para mi. Comencé catando los vinos de Maldivinas. los Movida ya los había catado ya en primicia en mi visita del año pasado a su bodega y viñedos, sigo enamorado del laderas, con esa mineralidad salvaje, dada por unas viñas cuyas raíces taladran la roca, y la clara influencia del monte bajo, tomillos, romeros e hinojos que crecen libremente junto a las viñas, y una novedad, el Doble Punta, del que había visto el viñedo en mi visita pero aún no había catado. Un vino excepcional, en la línea de los Movida, pero con un carácter completamente diferente, con una personalidad muy marcada por el terreno, rico en cuarcitas de doble punta, de ahí su nombre. Por supuesto siempre estamos hablando de cepas viejas de Garnacha recuperadas

Después me acerqué a su vecino, de stand, y de bodega, ya que elaboran en el mismo espacio, al menos de momento. Daniel Ramos, de Zerveros Finca, otro artista de las Garnachas viejas de Gredos, y que como en Maldivinas elabora sus vinos diferenciando cada parcela y cada tipo de suelo. De hecho, llevó a Fenavin dos pequeños areneros con una representación del suelo de dos de sus parcelas, una de arena y otra de pizarra. Probé todos sus vinos, todos los tintos de Garnacha de distintas parcelas y suelos, y los blancos de la rara Albillo y de Sauvignon Blanc, y quedé enganchado a estos vinos. Ahora toca visitar a Daniel in situ, conocer esas parcelas y el trabajo que lleva a cabo.

Nuevamente recorrí esta milagrosa calle 5 del pabellón Noé, ahora en sentido inverso, y tras pasar nuevamente junto al Caballo de Troya, mi amiga Mar Galván me llevó a conocer a Jesús Hermida, alma del excelente trabajo que se lleva a cabo con la Verdejo en Finca Caraballas, uno de los mejores Verdejos de Rueda que yo haya probado, una bodega joven, no muy grande, y que trabaja en ecológico, toda una declaración de intenciones

Y como decía al principio, la única excepción a mi visita a esta calle de Fenavín fue la visita de la mano de Fabio al stand del Pago Casa del Blanco, y debo decir que quedé gratamente sorprendido, ya que sus vinos se alejan bastante del standard comercial. Probé los cuatro tinos de su gama Quixote, destacando el elaborado con Malbec y Cabernet Franc, una apuesta de su enólogo Antonio Merino con el que tuve ocasión de hablar. Se trata de un vino de fuerte personalidad y que desde luego rompe con la estandarización de sabores que vivimos en el mundo del vino.

Y con esto pongo fin a este extenso relato, pero que apenas obedece a unas escasas 6 horas de visita a la feria

Galería fotográfica:

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Teatinos, o el esfuerzo de una cooperativa por mejorar la calidad

Teatinos es el nombre del vino que he tenido oportunidad de catar gracias al regalo de una compañera de trabajo oriunda de Casas de Fernando Alonso. Pero también es el nombre con el que popularmente se conoce a este pueblo. Incluso hay alguna anécdota relacionada con el nombre de Fernando Alonso, ya que por lo visto el piloto llegó a protestar por que apareciera el nombre del pueblo en los vinos al coincidir con el suyo. Pero veamos un poco de historia:

En el siglo XVI existía en Madrid un colegio de Jesuitas que se llamaba Los Teatinos. En este colegio estudiaron algunos monjes procedentes de San Clemente y, a su regreso, fundaron un colegio de Jesuitas que era conocido como la finca de “Los Teatinos”. En esta finca, dedicada a la producción agrícola, y en especial a la vid,  comienzan a trabajar las gentes del pueblo, que se van instalando en pequeñas chozas para estar mas cerca de su zona de trabajo, que con el tiempo se convierten en un núcleo de casas que acaba independizándose de San Clemente. Así nace Casas de Fernando Alonso, conociéndose por las gentes del lugar como Teatinos por la procedencia de los monjes

La cooperativa:

La Sociedad Cooperativa Purísima Concepción fue creada en el año 1958, en la actualidad integra a 310 socios y cuenta con unas 2.280 hectáreas.

Su principal cometido es la elaboración de vino pero tiene otras funciones para sus socios como la adquisición de fertilizantes y el almacenamiento de cereales.

Su media de recolección anual gira entorno a 15 millones de kilos de uva y 4 millones de cereales.

Sus variedades principales son Tempranillo, Bobal, Cabernet Sauvignon, Syrah, Moscatel de grano menudo, Macabeo y Airén. Desde el año 1998 se ha invertido más de 3,5 millones de euros en la mecanización y modernización de las instalaciones. Destaca su sistema de clasificación de la uva , ya que posee un analizador de mosto y vino que permite diferenciar la calidad de las uvas a la entrada en bodega. Está acogida a dos denominaciones de origen, La Mancha y Ribera del Jucar, siendo el vino catado perteneciente a esta última.

La D.O. Ribera del Júcar se creó en 2003 y cuenta con una extensión de más de 9000 Has. de viñedo, situadas en los municipios de Casas de Benítez, Casas de Fernando Alonso, Casas de Guijarro, Casas de Haro, El Picazo, Pozoamargo y Sisante, con una altitud media de 700 metros sobre el nivel del mar y un clima mediterráneo continental.

El vino:

Teatinos Selección 40 Barricas está elaborado 100 % con uva Tempranillo procedente de viñedos de mas de 40 años cultivados en vaso, con poca carga de uva, las maceraciones son lentas y largas, con una

maceración prefermentativa de 14 días a 26ºC. Fermentación controlada 9 días y  descube a depósitos de hormigón. Envejecimiento se realiza en cavas subterráneas durante 9 meses en barrica de roble americano (66%) y roble francés (33%), conjugando tuestes de las barricas y los fondos.

El resultado es un vino que está muy por encima de lo que hasta ahora había probado procedente de una cooperativa, viéndose un esfuerzo en la mejora de la calidad de estos vinos necesaria para situar estas bodegas en un mercado que hasta hace bien poco se limitaba a los graneles.

La Garnacha de Cebreros

Le he estado dando vueltas a como debía titular esta entrada, pero he llegado a la conclusión de que ella era la protagonista y era la que tenía que destacar: La Garnacha de Cebreros. Uno no se da cuenta de la magnitud de ciertas cosas hasta que no las vive en persona. Había visto fotos, reportajes, había escuchado hablar de estas tierras. Pero hasta que no he estado allí, pateando las viñas (casi escalando en algún caso), catando los vinos, y charlando con sus gentes, no me he hecho una idea de la grandeza de esta uva y de la pasión que genera.

Cebreros está situado en la falda sur-este de Gredos, en la provincia de Ávila, pero muy cerca de la provincia de Madrid. Al sur discurre el rio Alberche, a unos 650 m sobre el nivel del mar  y al norte se elevan una sucesión de cerros cuyas cumbres superan los 1.300 m de altitud, lo que da una idea del desnivel existente. El pueblo queda entre uno y otro, y a ambos lados se suceden las viñas, en zonas más llanas al sur, y en escarpadas laderas al norte, pero todas ellas con gran personalidad.

El motivo de mi visita fue una invitación por parte de Guillermo y Carlos, de la bodega Maldivinas, elaboradores delos vinos La Movida, y de Rubén Díaz, viticultor y elaborador oriundo de Cebreros.  La visita tenía una doble vertiente, por un lado conocer el viñedo y los vinos, y por otro aportar el punto de vista de gente relacionada con el mundo del vino acerca del proyecto de creación de una D.O. Cebreros, para lo que se había convocado para la tarde una mesa redonda en el bonito hotel El Rondón. A la cita también acudieron Alfredo Maestro, de bodegas Maestro Tejero, y  Xavier Saludes, Sumiller, restaurador y gerente de la Vinoteca Tierra, que distribuye vinos tanto españoles como franceses e italianos, donde el concepto de terruño es el protagonista.  Pero vayamos por partes.

El viñedo y sus vinos

En Cebreros el concepto de terruño se lleva a su máxima expresión, y ya no solo se distingue por parcela, sino que dentro de una misma parcela se distingue incluso por orientación de la misma, vegetación circundante o tipo de suelo. La zona más al sur, la mas próxima al rio, es una zona granítica, mientras que las laderas del norte son pizarrosas, cruzadas por una veta de cuarcita. Comenzamos la visita por un viñedo de más de 80 años reconvertido en espaldera. La viña estaba ubicada en la zona sur del pueblo, la más llana. Este viñedo está gestionado por una familia de viticultores de la zona que lo trabajan con gran maestría, y el fruto es vinificado por Guillermo y Carlos de Maldivinas. Está dividido en dos parcelas y aunque en un futuro es posible que se vinifiquen por separado, para la cosecha 2011 se trabajará de forma conjunta.

La diferenciación de terruños llega incluso a subdividir las parcelas, como pudimos ver en La Movida, de donde surgen los vinos del mismo nombre, y es que la regla general es que cada vino lleve el nombre de la parcela de donde procede. Aquí se distingue entre la parte mas escarpada, a la que se denomina La Movida Laderas, de la parte mas baja que se denomina La Movida a secas. Incluso dentro de cada una de estas parcelas aún se puede diferenciar más. En la parte del Laderas se podía diferenciar entre la parte mas alta y la mas baja, predominando las notas de hierbas aromáticas en una, ya que conviven con la viña, y las notas minerales en otra, al tener importantes vetas de pizarra por donde se introducen las raíces. En esta ocasión ambas subparcelas pasarán a formar parte del mismo vino final, complementándose ambas con su respectivo aporte y dando como resultado una visión global de esta parcela. También la parte baja, la de La Movida a secas, se diferencia entre ladera este, ladera oeste y zona central, e incluso puede que se elabore por separado una pequeña zona arcillosa dentro de esta parcela

En cuanto a la viticultura, Maldivinas busca y esto es una circunstancia común en todas las parcelas, una buena cobertura vegetal del racimo, para que cuando lleguen los rigores del verano, el racimo esté a salvo. Para ello simplemente se despunta, consiguiendo que la fuerza de la planta se derive al desarrollo en la masa foliar.

Tras la visita a los viñedos nos dirigimos a El Barraco, a unos km en dirección Ávila, donde Maldivinas elabora sus vinos. La fermentación se realiza en depósitos de hormigón, y la crianza en barricas con más de uno o dos usos, mayoritariamente de 500 litros, y donde predomina la madera francesa. El hecho de que las barricas sean de mayor tamaño y la madera tenga ya algún uso, hace que la aportación de la madera sirva mas para redondear las asperezas del vino que para un aporte aromático, que desvirtuaría el trabajo en la viña y las características del terruño. El resultado final es increíble, vinos de una misma variedad, cuyas viñas se encuentran separadas por apenas unos metros, dan como resultado unos vinos completamente diferentes tanto en nariz como en boca, con una personalidad arrolladora cada uno de ellos. La Garnacha elevada a la enésima potencia.

Para Ruben Diaz, viticultor y elaborador de Cebreros, la filosofía de terruño es la misma, y cada uno de sus vinos se corresponde con la parcela de la que procede: Cerro de la Estrella, Cuesta del Tejar, Alto Valverde, El Arenero, son algunas de las parcelas que visitamos, muchas de ellas vecinas a las de Maldivinas. Para catar sus vinos esperamos a la comida en el Restaurante del Hotel El Rondón, donde catamos muestras de barrica previamente embotelladas por Rubén. El resultado, como era de esperar, unos vinos llenos de expresividad y personalidad, una vuelta de tuerca mas a la Garnacha cebrereña.

Destacar la comida en el Hotel El Rondón, un gran proyecto de gente de la zona que ha dotado a Cebreros de un establecimiento de primera categoría, muy importante a la hora de promocionar Cebreros y sus vinos. La carta apuesta por los productos de la tierra, y aparte de una exquisita carne pudimos degustar varios quesos de la zona.

 

La D.O. Cebreros

Este era uno de los motivos por los que acudimos a Cebreros. Se está tratando de dar impulso a la creación de una Denominación de Origen, para lo cual nos reunimos por la tarde en el hotel en torno a una mesa redonda para que los invitados  aportáramos nuestras ideas. Al evento acudieron además viticultores y productores de la zona, representantes de la cooperativa, el alcalde de cebreros y hasta algún periodista. Por parte de los invitados, es decir, de mi mismo como consumidor, de Xavier como comercializador y restaurador, y de Alfredo como productor, las ideas estaban bastante claras. Cebreros tiene un tesoro que justifica de sobra una D.O., sus garnachas y sus suelos,junto con la blanca Albillo, de la que desgraciadamente apenas quedan unas pocas parcelas, combinado con productores inquietos que las saben vinificar, por lo que se debe apostar por este valor para diferenciarse de decenas de  D.O. donde todo tiene cabida. Cebreros tiene una tipicidad propia que debe saber explotar, y si así se hace le auguro un gran futuro como D.O. de calidad

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Con Mar Galván en Vinos Ambiz

El pasado domingo 3 de junio tuve la suerte de compartir visita a la bodega y viñedos de Vinos Ambiz con Mar Galván. Conocí a Mar en la presentación de la nueva bodega de Alfredo Maestro en Navalcarnero, donde compartimos mesa con Fabio Bartolomei, y ya allí quedamos en que haríamos una visita a Vinos Ambiz cuando viniera a Madrid. Mar es enóloga, escritora y sobre todo poeta, y una apasionada de los vinos naturales. Esta doble faceta de enóloga y escritora hace que sus artículos relacionados con el vino y sus notas de cata cobren un carácter especial y vayan mas allá de una fría descripción, resultando amenos y descriptivos, rozando la poesía.

Fabio en el viñedo de Carabaña

Empezamos la vista por el viñedo de Carabaña. En una zona de monte bajo, con ligera inclinación, orientado al norte, lo que le hace aprovecharse de los rocíos mañaneros y dividido en tres parcelas, una de mayor tamaño y otras dos pequeñas parcelas, una separada por la carretera y la segunda en la parte mas alta separada por un camino. En total casi una hectárea de Airén y Tempranillo mezclados al azar, tal y como era costumbre hace muchos años cuando se mezclaban las variedades en una misma parcela. Las cepas tienen unos 40 años de edad, y cuentan con cubierta vegetal, lo que permite que la biodiversidad existente en la zona evite la existencias de plagas, eliminando el “bicho bueno” al “bicho malo” por decirlo de una forma sencilla. Con esto se consigue eliminar el uso de química doblemente. No se usan herbicidas, y no se usan plaguicidas. Lo único malo de estar en zona de monte es la existencia de una importante población de conejos, cuyas madrigueras pudimos ver, y que en determinadas ocasiones han mermado la producción de uva.

Madrigueras de los conejos

A continuación, nos desplazamos a unos 10 km, al viñedo de Villarejo. A diferencia del de Carabaña este Se encuentra en una zona mas llana, pero también con ligera inclinación y esta vez orientado al Este, lo que le permite mayores horas de insolación. Este es un viñedo de casi una hectárea de la variedad Malvar, propia de la zona, y que por el grosor y lo retorcido de las cepas muy bien podrían ser centenarias. También cuentan con cubierta vegetal y su cultivo es 100 % libre de química

Cepa vieja de Malvar

Tras los viñedos nos acercamos a la bodega de Morata, donde Fabio ya había puesto a refrescar sus vinos blancos. Comenzamos la cata por el Airén de Carabaña de 2011, un vino limpio, fresco, de trago fácil, el vino mas ortodoxo de la bodega, con una elaboración tradicional, pero con una peculiaridad, y es que durante su reposo en el depósito le salió un velo parecido al de los vinos de Jerez, dándole una personalidad especial. Después catamos los vinos estrellas de la bodega, cada uno con un proceso de elaboración que los hace únicos, vinos marcados por un carácter apabullante. Un Airén de Carabaña de Maceración Carbónica, un Malvar de Villarejo elaborado al modo de los tintos, es decir, en contacto con los hollejos, técnica de antigua tradición en la zona y ya casi en desuso, conocida como vino de “sobremadre”, y mas conocida a nivel internacional como “orange wine” o “vino naranja”, por el color que adquiere el vino. Y por último un Malvar fermentado y criado durante seis meses en tinaja de barro, vino experimental este año, pero que dado los buenos resultados obtenidos tendrá su continuidad en próximos años. El problema es que la tinaja es pequeña y la cantidad muy limitada, pero Fabio anda en busca y captura de una tinaja de mayores dimensiones, así que si conocéis de alguien que se la pueda ceder, no dudéis en decirlo.

Mar y Fabio en el viñedo de Villarejo

A continuación pasamos a los tintos, lamentablemente en el 2011 la cosecha fue minima (por culpa de los conejos), pero afortunadamente todavía le quedan vinos del 2010. Primero catamos el vino elaborado  en colaboración conmigo, Las 5 en Punto, con 80 % de Tempranillo de Carabaña, y después otras cuatro variedades al 5 %, Garnacha, Syrah, Petit Verdot y Airén, siendo las tres tintas compradas a agricultores de confianza que cultivan en ecológico, y el Airén también de Carabaña. El vino estuvo después 5 meses en una barrica nueva de roble americano, y en la actualidad lleva unos 8 meses de crianza en botella. Si bien al principio, nada mas sacar el vino de la barrica, pensamos que predominaba la madera, tras la crianza en botella se ha redondeado y afinado, y se ha convertido en un vino agradable y fácil de beber, y las notas mas maderizadas han dejado paso a la fruta. Este vino no va a tener continuidad con la cosecha de 2011, que como dijimos fue escasa, pero si trataremos de hacerlo con la cosecha del 2012

Los cuatro blancos catados

El segundo tinto que probamos fue un coupage de Tempranillo, Syrah y Petit Verdot, pero esta vez con crianza de mas de 12 meses en barrica usada francesa, también con uva del 2010, y que aún no está embotellado, un vino que aún aguanta algo mas de crianza y del que a buen seguro reservaré algunas botellas para mi bodega particular.

Tras la cata, una agradable comida en la terraza del restaurante La Tinaja de Morata, maridada con los vinos que llevó Fabio de la bodega

GALERIA DE FOTOS:

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Presentación vinos de Alfredo Maestro en su nueva bodega de Navalcarnero

El sabado 14 de abril nos reunimos unas 60 personas del mundo del vino, entre bloguers, restauradores, distribuidores, vinotecas, viniviticultores y gentes del ramo como la representante de Toneleria Duero, el director de El Aula del Vino, así como aficionados y amigos de Alfredo.

La presentación tuvo lugar en la bodega “madrileña” de Alfredo, que se encuentra ubicada en una finca de campo cerca de Navalcarnero, y que pertenece a un amigo de Alfredo que la ha construido siguiendo sus indicaciones. Consta de una sala de depósitos, y bajo esta se encuentra la bodega subterranea, donde pudimos comprobar que hacía una temperatura de 14º y una humedad del 70 %

En un edificio aparte hay una amplia sala de catas donde se desarrolló la presentación de los vinos, y que acogió sin problema a las mas de 60 personas que habíamos acudido al evento. Junto a la sala se dispone hasta de un pequeño laboratorio para el analisis de los caldos.

Para la presentación, Alfredo decidió hacer una pequeña cata vertical de cada una de sus marcas con 3 o 4 añadas de cada una (segun disponibilidad).

Por regla general, los vinos embotellados en febrero o marzo de este año, se mostraron con gran potencial pero con necesidad de mas tiempo en botella, y destacaban los vinos de añadas mas antiguas, lo que demuestra que el tiempo sienta bien a sus vinos

A destacar La Olmera y La Guindalera 2009, Castrillo de Duero 2009, que curiosamente tiene mas tiempo en madera que el 2010, pero esta era menos intrusiva. También me impresionaron el rosado de Garnacha tintorera y la sorpresa del día fue un vino dulce también de Garnacha sobremadurada en la viña y que respondía al nombre de “La Cosa”

Tras la cata, disfrutamos de las chuletillas de lechazo que trajo Alfredo de Peñafiel, y como postre unas magdalenas que eran toda una obra de arte, aparte de estar deliciosas, elaboradas por Lorena, una amiga de Alfredo, cuyas obras podeis ver publicadas en este blog:

www.lorena-bakemyday.blogspot.com

En definitiva, un dia redondo. Gracias Alfredo

Galeria fotografica:

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Cata de Vino Natural en Le Petit Bistrot

El miércoles 22 de febrero nos juntamos unos cuantos incondicionales de los vinos naturales en Le Petit Bistrót, restaurante francés en Principe de Vergara (Madrid), aprovechando la visita de las bodegas integrantes de los Vinos Singulares de Pagos Andaluces, es decir, las granadinas Barranco Oscuro y Cauzón y la cordobesa Marenas. También acudieron con sus vinos las manchegas Cano Zarco (Patio) y Ruiz Villanueva, así como Maestro Tejero de Peñafiel, y Fabio de Vinos Ambiz (Madrid). Para mi es un privilegio y un motivo de inmensa alegría el compartir con estos artistas del vino una tarde, mas allá de las catas, por su trato llano y cercano y por el aprendizaje que supone hablar con ellos acerca del vino y la viticultura.

La cita era a las 8 de la tarde. Cuando llegué yo ya estaban los representantes de las  bodegas andaluzas descorchando y sirviendo vino. Lo primero, una copa de Brut de Barranco Oscuro.

BLANCOS

Los vinos blancos fueron los protagonistas de las primeras catas. Carlos, el propietario del restaurante, nos preparó unos aperitivos para acompañar. Queso, oreja, pastelitos de atún, unos exquisitos hojaldres rellenos de espinacas o morcilla, y otras delicias francesas de las que desconozco su nombre pero que estaban para chuparse los dedos.

Enseguida llegaron las otras bodegas invitadas y el despliegue de vinos se multiplicó por las mesas del local. En blancos, catamos en general vinos del 2010, pero también probamos alguna muestra de depósito del 2011. Me sorprendió gratamente el Viognier de Barranco Oscuro, un vino con mucho carácter y con muchos matices, pero que desgraciadamente tendrá una producción muy limitada. También me gustó mucho el Patio Airen 2010 de Samuel Cano, muy redondo en esta añada. Otros vinos que merece la pena tener en cuenta son el blanco Cerro Encinas de Marenas, un coupage de Montepila, Moscatel y Colombar. Por parte de Cauzón, el blanco 2010 con un 30% Sauvignon blanc- 30% Chardonay- 30 %Viognay – 10 % Torrontés, y por parte de Alfredo el Lovamor, 100% Albillo, un vino de gran expresión varietal y el Malvar maceración carbónica de Vinos Ambiz

TINTOS

En cuanto a los tintos, aunque todas las bodegas acudieron con sus respectivas gamas casi al completo, haré reseña de aquellos que suponen novedad (al menos para mi) o mas me impresionaron:

Garnata, de Barranco Oscuro, elaborado con Garnacha alpujarrense, muy distinta a las Garnachas de Madrid o del noreste de España. El Maceración Carbónica Mas Cabal de Marenas, con original etiqueta representando una espada y una leyenda que dice algo así: Naturala vina est liberta vina. Toda una declaración de intenciones. Por parte de Cauzón el Lozano, coupage de Cabernet Franc y Cabernet Sauvignon. De Samuel Cano el siempre apetecible añada tras añada Patio selección, de Alfredo Maestro el Tinto Castrillo de Duero y de Vinos Ambiz el coupage Las 5 en Punto, que cada día que pasa se encuentra mas redondo y que he de decir que gustó mucho a todos los presentes.

Mención aparte quiero hacer de los vinos de la bodega manchega Bruno Ruiz, ya que era la primera vez que yo tenía contacto con los vinos de esta bodega y nunca he hablado de ellos, aunque si la conocía de oídas. Acudió al evento representada por David Rodríguez, y presentó los siguientes vinos:

–          De sol a sol – cepas Viejas 2009. La elaboración es sorprendente, con 1 año maceración pedicular (toda la pasta de la uva) Aunque domina la Airén 85%, lleva un 15% de Moscatel + Chardonnay pasificadas. La elaboración es independiente para cada variedad, pero al segundo año se prensan y se dejan juntos otro año en deposito con las lías.

–          Pampaneo Tempranillo 2011. También macerado con la pasta durante unos 90 dias y estabilizado por frío.

–          Ruiz Villanueva 2006. Elaborado con un 75 % de uva Cencibel, 15 % de C. Sauvignon y 10% Merlot. Este vino reposa en depósito durante un año, tras una larga maceración para después pasar a crianza en barricas de roble francés y americano usadas durante unos 24 meses y al menos un año de botella.

Tras las catas, y ya rozando la medianoche, una vez el público asistente se había marchado, llegó la hora de disfrutar de la cocina de Le Petit Bistrot. A los aperitivos que fue sacando Carlos durante toda la tarde se unió una cassoulet de pato de la que acompaño foto,  aunque aquí solo pueda intuirse la parte visual de lo espectacular del plato, y de postre unos pastelillos rellenos de chocolate caliente, que acompañamos del Garnacha dulce de Barranco Oscuro, el XARAB. Esta fue la guinda de una maravillosa tarde-noche en torno al vino natural

Galeria de fotos:

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